domingo, 18 de junio de 2017

50. A POR LAS CINCUENTA MIL




Para celebrar la 50 entrada de este blog y para descansar la vista de tanta felleza, bueno será tomar un cafetito en alguno de tantos establecimientos como podríamos poner aquí (esos bares de televisión permanente, paredes decoradas con óleos de la sobrina e iluminación cenital de tubos fluorescentes / os ahorro la imagen) y echarnos algún pensamiento sobre las razones y condiciones de producción de tanta Obra de Arte, o sobre el recorrido ya realizado y el futuro de esta Colección.

Tranquilos, nada serio. Lo que dura un café. Lo que cabe en un post.

Lo de la fealdad no es nada nuevo. Nada que me haya inventado yo. Hace veinte o treinta años se lo oí decir a Julio Caro Baroja: España, -decía por entonces el antropólogo-, era un país pobre pero hermoso, pero por lo que voy viendo en los últimos tiempos, lleva trazas de convertirse en uno de los países más feos de Europa. El diagnóstico fue profético, pero lo que nunca han estado claras del todo han sido las causas. Yo se las he echado mucho a los arquitectos (por lo que a mí me toca como corresponsable), pero el consenso social es tan generalizado que seguramente se trata de algo más profundo. Por explicarlo con un símbolo conocido, me da que consiste en una especie de castigo divino por nuestra soberbia tecnológica y económica, en una nueva confusión de lenguas como la de la famosa Torre de Babel. Mumford decía que frente al impresionante progreso tecnológico, la reflexión sobre el habitat humano se había quedado completamente estancada. Lo suscribo plenamente.

Si sumamos y mezclamos la aparición en pueblos y ciudades de todo tipo de máquinas y chismes con la babelia de materiales, formas, colores y texturas que hacen posible las nuevas tecnologías y medios de transporte, quizás estemos en la vía de entender lo que pasa. Y si a esa mezcolanza fatal le sumamos la falta de educación y el estado de bienestar fácilmente alcanzado con el progreso tecnológico, hasta podemos entender los orígenes de esa conocida expresión popular riojana que tanto se aplica en los asuntos de la construcción a cualquier escala: "y qué chorra más da".

Un blog que exprese mediante fotografías sin estetizar el quehacer de la construcción de pueblos, ciudades, campos y carreteras de nuestra región en los últimos años es, como me dijo un amigo, un auténtico filón. Y si conseguimos que el proyecto se entienda y que vaya abriéndose a la participación y colaboración de quienes piensen que vale la pena contarlo desde la ironía y la distancia que proporciona toda visión del destino y no desde la denuncia fácil del "no me gusta" o la "culpa es del otro", me da que el filón puede ser de oro.

Se acaba el café. Los primeros cincuenta post no son nada. A poco que empecemos a mirar a nuestro alrededor con la perspectiva que han abierto estas primeras imágenes y comentarios, estoy seguro que se van a multiplicar por mil. ¿Cincuenta mil fotos feas de La Rioja? Pues sí. Por qué no. La tecnología nos lo permite. Y la masa, la gran cantidad, es una de las categorías de la fealdad. Falta ahora que seamos capaces de permitírnoslo nosotros; falta saber si en nuestra deplorable condición podemos ser tan valientes como para mirarnos tantas veces al espejo.

Gracias por tanto a los primeros colaboradores que han remitido ya algunas fotos y comentarios para Fella es la Rioja, y gracias a todos los que se animen a hacerlo de ahora en adelante. ¡A por las cincuenta mil!