lunes, 24 de junio de 2013

111. RIBAFRECHA (12 y una ADENDA)



Hay más fotos, muchas más, pero la vida es corta, la Rioja muy grande, y este expediente burocrático tiene que tocar a su fin. Así que nos subimos al cementerio por ver si encontramos allí el descanso, pero... , ay, va a ser que no, que aún nos quedan unas cuantas cosas por ver antes de pasar por su reja arqueada.

Y es que desde las alturas (porque el cementerio está en un alto, como se ve desde el embreado de la foto de arriba) se divisa un muy urbanizado camino donde se ubican los dos chalet escudados con que cerrábamos el post de ayer, varios pabellones agrícolas o industriales que aportan su tradicional cuota de felleza, y unas cuantas marafillas más


Dejamos a los pabellones en paz, que para eso son templos del trabajo (tan importante en estos aciagos días) y descubrimos al fondo de la calle unos chalets perdidos y una cabaña de madera modelo canadiense vallada al estilo rioja calidad.


Pero la pieza fundamental de este farrio es el conjunto de acosados tipo carretera de Soria, diseñados con gusto de arquitecto y forrados de aplacado de piedra para más calidad.


Al acercarnos a ellos encontramos (fuera de concurso) este otro modelo de cerramiento a la riojana formado por reciclaje de palés estilo sostenibilidad.


Y por si el depurado diseño de las casas hubiera podido interferir en las pretensiones de esta declaración manumental, el arquitecto nos ha regalado con una entrada al conjunto que bien merece su inclusión en nuestro catálogo artístico, porque bonita es un montón.


Aunque para bonita y refinitiva esta casa adosada construida junto a uno de los pabellones que habíamos dejado en paz, y que tiene balaustres, especie de frontón con agujeros, farolas más que rústicas, tejadillo liviano popular, aplacado de piedra y recercados en granito a juego de color y hasta reja para pelar la pava.


Visto lo cual, ahora sí, ahora si que nos subimos al cementerio por ese paseo de cipreses a la italiana con el que no todos los árboles están de acuerdo.


Un paseo que nos descubre este otro pequeño paisaje de pabellones al que miraremos también con nostalgia porque en llegando al cementerio ya no hay que trabajar ni nada que hacer...


....excepto, ahhh,  pasar por ese arco triunfal de hormigón coronado por una finísima cruz a juego, y mirar en ese rótulo de acero corten y letras doradas escritas en bandera (!) para cerciorarnos que nuestra vista va a descansar al fin y para siempre en un pueblo monumental y fistrórico artístico renombrado.



ADENDA:


A comienzos de los años ochenta, recorté una noticia del periódico La Rioja en el que aparecía esta foto de Ribafrecha, en la que puede apreciarse un pueblo en ladera compacto y hermoso. Digo esto porque después de escribir toda esa serie de ironías que he ido desgranando en los últimos días, algún mal pensado habrá podido hacerse a la idea de que tengo yo algo contra Ribafrecha, y hasta incluso ha habido alguien que me ha comentado que me estaba pasando, y que algún hijo de Ribafrecha se pudiera ofender. Mi respuesta es bien sencilla: no creo que nadie al que se le diagnostique un cáncer podrá afear la conducta del médico que se lo dice. Y la prueba está en esta foto: antes de que fuera obligatoria la firma de un arquitecto para hacer una casa, o antes de que entráramos todos en esta época de dinero y confusión, Ribafrecha era un pueblo tan sano como los demás, y más bello que muchos otros por aquello de estar construido en ladera y poder ofrecer una imagen tan unitaria. No es momento aquí decir que esa imagen es el producto de la adaptación al lugar de unos pocos patrones de edificación que estaban en la mente de todos y que no sería difícil enumerar: paredes de adobe, mampostería o ladrillo recubiertas de mortero y pintadas de blanco, huecos pequeños, balcones sencillos, tejados de teja con cumbrera paralela a fachada, solana en bajocubierta cuando la orientación lo permita, homogeneidad de alturas, etc., pero si alguien quiera profundizar en las razones del cambio, con mucho gusto les digo que las podrá encontrar en el libro de Christopher Alexander, EL MODO INTEMPORAL DE CONSTRUIR.

En el paseo en el que tomé las ciento y pico fotos que he ido poniendo en las pasadas doce entradas, también hice unas pocas fotos de los restos de aquellas construcciones populares, muchas de las cuales están abandonadas, por lo que cuando aparecían junto a las muestras de la fealdad arquitectónica de nuestros tiempo solía decir que "estaban de más". Aunque no son tema de este blog (o de esta colección de "arte") quisiera ponerlas aquí por si todavía alguien tuviera duda de mis intenciones:










Para tener más pruebas, he buscado en internet fotos antiguas de Ribafrecha pero no he tenido éxito. Ya lo siento. Eso si, durante el paseo que me di por el pueblo, vi el anuncio de un libro de acuarelas de Ribafrecha de esos que mediante el recurso del desdibujo nostálgico parecen no querer ver la realidad, por lo que dirigen la mirada hacia las bellezas que la naturaleza aún nos regala en los alrededores (la huerta, las laderas de olivos, el cañón del Leza o la aguda silueta del Monte Laturce) o a esos mismos restos de antiguas arquitecturas populares que he mostrado en estas pocas fotos:


He leído los textos con los que Dori Santolaya acompaña las acuarelas de Enrique Flores y me ha sonado como si el médico que nos tuviera que diagnosticar un cáncer nos dijera que no nos preocupásemos, que las uñas de los pies aún las tenemos sanas y muy bien pintadas.

A finales de los setenta, Roberto Iglesias y el fotógrafo Pablo Herce, hijo de Ribafrecha, hicieron para un periódico local una extensa serie de reportajes de pueblos de la Rioja que luego se publicaron en varios volúmenes con el título de LA RIOJA, DE CABO A RABO bajo patrocinio de la Caja de Ahorros de Zaragoza, Aragón y Rioja. La calidad de las fotos de esa publicación es bastante deficiente, pero aún así nos permiten ver que el tsunami de destrucción de la arquitectura popular y de sustitución por casas de arquitectos aún no había llegado a Ribafrecha:








Adenda a la adenda: si después de todo lo que les he contado les digo que yo soy arquitecto, y que por mucho que se lo digo a mis compañeros arquitectos, no me escuchan y me quitan de enmedio, entenderán Vds que para tratar de llevar el dolor que causa escribir y publicar todo esto no me queda otra que acudir a la ironía, al subrealismo y la risa.